Tuesday, November 21, 2017

Un texto sobre "Descartable", por Cecilia Vera de Gálvez


Cecilia Vera de Gálvez, Andrés Emilio León, e Ivis Flies, en la FIL GYE 2017


La Casa de la Cultura Ecuatoriana ha publicado el presente año la primera novela de Andrés Emilio León: Descartable.

Se trata de una obra en la que el protagonista, Héctor Rodríguez, narra en primera persona y reflexiona sobre los avatares de su vida en determinadas circunstancias.

A lo largo de la lectura, se van detectando en la novela algunas constantes que configuran tanto su estructuración como su sentido:

1. Paralelismos: entre la vida laboral, política si se quiere, de Héctor como asesor de un Alcalde que pretende la reelección y su vida sentimental de casado separado, que incluye múltiples aventuras con mujeres muy diversas. También, entre las políticas públicas, todas desvinculadas del ámbito de la cultura, (para el alcalde éstas no están en agenda), y las políticas de la vida privada del personaje.

2. Tránsitos: en esta novela se transita por gran cantidad de espacios guayaquileños, los más y los menos emblemáticos, mientras se miran los lugares desde la perspectivas frustradas y frustrantes de un personaje que no hace lo que quiere, no vive lo que espera o sueña e irónicamente aprende a involucrarse con el mundo que critica y rechaza, desde una actitud de cinismo sumo:

“Soy un gran mediocre…Soy excelente en lo que hago, soy una bengala, me enciendo para celebrar, para que la gente me note. Mi intención es brillar lo que más pueda, ser quien sale ganando en un mundo donde nadie se lleva cosas buenas al final. De aquí debo sacar lo destacado…lo único que me interesa es el arte, pero para serle sincero, si no me involucra, si no salgo ganando, no sirve.” (104)

Pero la actitud no coincide con la mirada que añora lo que auténticamente permite integrar una urbe. En el capítulo 8, Héctor nos habla de las percepciones de su ciudad:

“Mi ciudad tiene un montón de cosas que no entiendo… Los parques están cerrados, las ciudadelas están cercadas, los malls están cercados, la Municipalidad está cercada… No puedo percibir realmente los diseños de las casas (...) Los guayaquileños somos a veces un poco similares y por eso no importan tanto lo de adentro, sino cómo lo cercas.” (47)

Y Héctor Rodríguez transita a la vez por caminos inestables, inseguros, entre situaciones fugaces, intrascendentes, que se convierten en descartables y descartable a él, por estar inmerso en ellas.

3. Crisis existencial: estos tránsitos paralelos se enmarcan en lo que abre la historia al inicio de la novela: la ruptura de relaciones entre Gaby, la esposa, y Héctor, motivo desencadenante de una crisis existencial en el personaje quien intentará afianzarse a relaciones pasajeras, intensa vida sexual y a su trabajo como asesor no escuchado de un alcalde al que no le interesan, en realidad, los compromisos con la gente sino su propio y personal interés político. 

4. Referentes: Contado así parecería elemental y sencillo el ensamblaje de esta novela pero cada situación de los dos relatos (vida sentimental del personaje y vida política de y en la ciudad) van creando una trama imbricada en la que aparecen como correlatos, múltiples referentes a partir de los cuales, a veces de manera sutil, otras, muy directamente, se desmitifican las valoraciones superficiales fomentadas por equivocadas políticas culturales y que han sido  inoculadas en el imaginario urbano. 

La obra está llena de estos referentes urbanos pero definitivamente, también se transita por la memoria literaria, desde el recuerdo y la mención de autores y obras de los años 30 hasta la inserción, no solo de nombres de autores contemporáneos y sus respectivas obras, con citas textuales de muchos de ellos: Solange Rodríguez, Eduardo Varas, Leonardo Valencia, Luis Alberto Bravo, Miguel Antonio Chávez, Mónica Ojeda y muchos otros. Igual, no se desperdicia la oportunidad de insertar referencias pictóricas nacionales e internacionales. Todo ello, a veces, torna evidente el ejercicio narrativo, más allá de la historia contada. 

Entre los referentes culturales, aparecen también la actuales tendencias musicales que se matizan con las reminiscencias de los clásicos de la música pop. Y el disfrute de la violencia y el horror, sobre todo en el cine gore, etc. Una de las amigas que Héctor frecuenta,  Violeta o Violenta menciona: 

“Me encanta el miedo, es como una droga que me inyecto cada vez que voy a El Coleccionista de la Avenida Miraflores. Mi dealer es Omaira, quien siempre me pasa por debajo una dosis fuerte de cine de terror, porque eso me tranquiliza.” (91 – 92)

Así desfilan, muy bien caracterizadas las mujeres de la vida de Héctor en esta historia, Gaby, Rebeca, Eva, Violeta, etc. La excepción será Alegría, personaje especial, con quien Héctor entablará un tipo de relación diferente. Es un personaje que deviene, por idealizado, más de la ficción que de la realidad. Pero así piensa el personaje quien ratifica esa perspectiva al referirse a la constante lectura semiótica que realizamos frente a la realidad: 

“Leemos (los signos de la realidad) y nos gusta. De paso nos dice de dónde venimos y es hermoso que no siempre dependa de la historia, ya que debemos aceptar que a veces también venimos de la ficción.” (118)

¿Venimos de la ficción? O por lo menos, somos usados para ficcionalizar una realidad en la que se difuminan los límites entre lo uno y lo otro. Desde un intento metaficcional, el personaje alude a ello: 

“Muchas veces pensé que mi vida entera es un gran cuento, una historia que alguien sigue escribiendo y justo hoy, quizá, me doy cuenta de que es una novela. Por ahí esta persona que me manipula y me usa también quiere acercarme a otra cosas que necesito ver…” (118)

Por ahí Andrés Emilio León sigue su camino de escritura.



Cecilia Vera de Gálvez
Texto preparado para la Feria Internacional del Libro de Guayaquil
Guayaquil, 9 de septiembre de 2017

Monday, September 04, 2017

Un poco sobre "Descartable"...

Portada y contraportada del libro editado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2017


Por Andrés Emilio León | @lectorurbano  


En el año 1968, Julio Cortázar publicó "62/Modelo para armar", obra en la que resalta lo siguiente: "Pero hay momentos en que me siento un cínico, en que los tabúes de la raza me muestran las pinzas; entonces pienso que hago mal, que te cosifico, si me permites el término, que abuso de tu alegría, te pongo ahí y te aparto, te tapo y te destapo, te llevo conmigo para después dejarte caer cuando es la hora de estar triste o estar solo. Y tú en cambio jamás has hecho de mí un objeto, a menos que en el fondo me tengas lástima y me guardes como una buena acción cotidiana”
 
Este “discurso” despertó el interés para escribir una novela que aborde la cosificación de las personas o “reificación”, que según Petrović es el “acto de transformar propiedades, relaciones y acciones humanas, en propiedades, relaciones y acciones de cosas producidas por el hombre. La reificación es un caso ‘especial’ de alienación, su forma más radical y extendida, característica de la sociedad capitalista moderna".

Alain Touraine define varias alienaciones, principalmente "la alienación económica y la alienación tecnocrática, separables de la alienación burocrática y de la alienación política, en la que la ciudadanía puede perder su carácter humano para involucrarse en un proceso de cosificación, convirtiéndose en materia sobre la que la autoridad ejerce su arte político".

J. P. Sartre apuntó que “la cosificación está presente en las relaciones humanas. Tú eres una persona libre, con deseos, etc. Si conoces a otra persona, ésta también es libre y tiene deseos. Si inician una relación, (del tipo que sea) forzosamente uno de los dos cosifica al otro, al limitar su libertad e impedir la realización de sus deseos a través del compromiso”.

Memoria audiovisual del lanzamiento de la novela en Guayaquil

Tomando en cuenta estos antecedentes, la novela propone una historia en donde Héctor, el personaje principal, siente que nada, ni nadie es realmente importante. Para él, todo es descartable: las relaciones, lo profesional, e inclusive las políticas públicas que desde su trabajo como asesor de política cultural del alcalde de Guayaquil, intenta fomentar.

La obra se desarrolla en Guayaquil, en plena campaña para la reelección del alcalde de la ciudad, y Héctor intercala su tiempo entre el trabajo, sus intereses culturales y una cercanía muy extravagante con varias mujeres. La obra se pregunta sobre la importancia de la política pública al momento de fomentar las industrias culturales locales; pero también, cuestiona si lo que realmente debemos priorizar son las políticas públicas personales.   


Intervención de Adelaida Jaramillo, en el lanzamiento en Guayaquil

El humor suele guardar siempre una extraña relación fraternal con las situaciones terribles, en las que existe un contraste entre escenas delirantes, y en las que no se sabe si reír o llorar. También, se puede encontrar momentos más delicados, como en el que se produce la reflexión sobre el alivio que guarda ser descartable.  

Al final, esta es una novela de descubrimiento de personaje, en donde el lector irá entendiendo qué clase de sujeto es y cómo responde a su mismo entorno, del que se habla tanto en la novela desde distintas aristas, pero principalmente en lo cultural. En este escenario se hace un mapa de la ciudad compuesto por canciones, de músicos locales, de obras literarias, de arte y también de su comida. Pareciera que estas citas de decenas de canciones y obras, recogen un ideal de ciudad culta –que es el estereotipo contrario que tiene Guayaquil–, cuando en realidad se acerca a un ideal de ciudad deseada.

Intervención de Daniel Adum, en el lanzamiento en Guayaquil

En “Descartable”, Héctor, vive una aventura más que nada discursiva, dado que siempre está hablando con mucha gente, e inclusive se relaciona con otras personas, y parece que en el fondo, se está relacionando consigo mismo, para crear una historia que tiene tanto de descabellado, como gracioso, como profundo. 



*Este sábado 9 de septiembre del 2017, a las 18:00 horas, el autor estará junto a Cecilia Vera de Gálvez e Ivis Flies para hablar sobre "Descartable" y la importancia de las políticas públicas culturales, en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil.



Tuesday, October 14, 2014

Sexta Etapa de los Corriente o como un barrio se vuelve mundo

Foto: Facebook del artista

Por Andrés Emilio León Rodríguez | @lectorurbano


Los Corrientes se suben al escenario como habitante de la Alborada que va a la tienda del barrio. Llega, chiflea al man del sonido como si fuera la señora de la tienda y le dice “un poquito de retorno por favor” y se llevan la biela a la boca. Mientras se preparan me acerco, pido un CD y los manes me lo entregan “por debajo” porque lo quieren vender luego del concierto. Obviamente no puedo evitar sentirme el protagonista de “Soy Chiro”, me quedo con las ganas de responder “y eso ñaño”, para ver si por ahí está en el ADN y me lanzan un “no pienses mal brodal, yo no hago esas movidas… solo suceden”. 

Así sucede la música de esta banda, armada un poco en joda y un poco en serio. Dandabass siempre me dice que la creatividad es una línea muy fina entre la genialidad y la estupidez; pienso en parte que los Corrientes se arriesgan mucho en ese sentido y por lo general les va muy bien. Lo que hacen no siempre es perfecto, pero lo siento muy honesto, pegajoso y divertido. Es muy complicado que alguien no se conecte a su propuesta. 

El concierto comienza y me ubico al final del público, junto apoyado a una baranda que separa las canchas de este club de Lomas de Urdesa, para disfrutar del show y ver lo que le pasa a la gente. Sin embargo me río, porque mientras su propuesta me habla de agachaditos y demás, un flaco alto pasa entre la gente vendiendo donuts.

“Huir” arranca muy bien… arriba, fuerte con muchos vientos sólidos. Geraré canta y descubro una voz que no conocía. Pienso “esto es nuevo” y escucho esta fusión disco/ska y espero que en algún rato aparezca Betoman y destruya todo con su prosa, pero ellos se vuelven más musicales y una trompeta se lleva el protagonismo en el solo, relajando las emociones. Me quedo con la frase “para que insistir, si tu autoridad no voy a aceptar, por necesidad de sobrevivir, yo no voy a huir”. Y la banda mata la canción para que luego el silencio también se calle y la gente aplauda en silencio, como sorprendido.



“Extraños seres verdes” suena y me engancho con la melodía rica del acordeón de Doña Pepa. La voz de Geraré me vuelve a sorprender, porque no la esperaba, pero acompaña bien, me cuenta delicadamente como hay más que una verdad. Luego aparece Betoman y destruye todo. Me río, y la gente mueve las cabezas como quien se va contagiando.




“Soy Chiro” presenta a Betoman desde el inicio y los demás cantan los coros que me hacen sonreír y pensar que esta canción es redonda. Por ahí muchas malas palabras –decían algunos-, pero pienso que en parte es honesto, es real. El guayaco habla así, hay mucha violencia en sus diálogos, mucha joda y comida. Escucho Soy Chiro y me encanta como termina. Betoman lanzando epítetos como quien mata mosquitos, nos dice eso que a veces uno piensa pero nunca dice, esas cosas que uno dice entre panas, se ríe y sigue igualito, bien peinadito para luego, más tarde… volver a casa de los padres.


Pero en la cabeza queda la lírica… y se repite:

“En fila, say my name, recoja el jabón, salto del tigre, patada al foco, el helicóptero, la vuelta al mundo… y no me vayas a llorar porque sabes que esa nota es turra, ya dice que soy el primero, el primero de hoy será, perra! Esas son mis condiciones, para ser felices tenemos que ser uno solo y así gastamos menos, si se quiere casar pídale el vestido de novia prestado a su ñaña, si quiere caleta dígale a mi teclo que nos saque cuarto aparte, si quiere hijos: como eso es grateche cuente conmigo mamacita! y dime no más con confianza cuando tengas hambre… este te voy a dar!”

Si bien es obvio que podría decir 1000 cosas sobre la equidad de género, el enfoque de derechos y demás… prefiero verlo desde la propuesta musical y pienso que Betoman es un personaje de ficción que rueda por la sexta etapa con la boca como metralla para disparar este tipo de frases sin fin. Betoman apunta y una que otra sale lastimada, pero otras se acercan y se toman fotos y lo abrazan y el man disfruta con la misma sonrisa con la que dice “más chiro y me muero”. Betoman al final del día -a su estilo- es un sobreviviente.

Foto: Andrés León


En “Salsa para partirte”, la voz de Geraré suena muy bien. Esta canción es muy completa, con un teclado venenoso que te mueve a bailar. Aquí dejan por un lado lo urbano y se meten a hacer muy buena música, en donde mezclan excelentes melodías, con interesantes armonías de voces y letras que a todos nos sacan una sonrisa. Este tema al final se vuelve Guayaquil… es la banda de barrio que te recuerda de donde viene y te grita “para el mundo con sabor, desde Guayaquil”. El acordeón de Doña Pepa también tiene lo suyo y ella se mueve y mira desde lejos a Geraré y Betoman como quien dice “ay estos manes” y ese cariño se siente en la banda. 

También es divertida la letra. Es una historia de amor bien freak, en donde claramente, el protagonista es realmente un acosador y románticamente –así piensa él- le recita: 

“Mi sol, mírame un ratito y déjate lucir. Da un paso que tiembla la tierra, y otro pa' que el wacho me vuelva a latir.  Aprendí a bailar bonito, y a vestir bien la ocasión, para ganarme un puestito, dentro de tu corazón, y poderte complacer, lo que tu imaginas te lo puedo hacer”.



 Obviamente la cosa no termina bien… pero el man no pierde la oportunidad de decirle:

“Deja de moverte, deja de menearte oye guayaca, que rica tu sandunga. Que mi mujer no espera a caleta, me entra a puñete en media rumba. Todo lo aguanto por ti mamita, me tomo en vaso tu aceite de bacalao porque mi reina tú estás ve, para partirte!”.

Termina la canción y suspiro “ay el amor”.


“Por accidente” me recuerda a la camisa negra de Juanes al inicio, pero Geraré se aleja bastante cuando nos recita:“Por accidente un pez se creía mono, arrechamente se barajó del mar y sin beneficios y sin bono, aparte de ser mono, de cantante fui a parar”.
El tema mueve a la gente, la hace bailar, reír… a la final no tan por accidente.

“Virgencita” es uno de mis temas preferidos. Los Corrientes aquí se acercan más al funk urbano y con interesantes guitarras suena “tan tierna, pero tan tierna, tan inocente, tan dulce primor, tan cerca, tan cerca que me comparte su respiración”. Hay mucho buen gusto en este tema. Curiosamente disfruto mucho más las melodías de Geraré que las de Betoman, pero la canción termina bien, firme y divertida.

Foto: Facebook del artista

“Poniendo esto en aquello”, se me vuelve muy repetitiva, por ahí debe ser que es la séptima canción del disco y ya no me sorprende tanto. Intenta ser el tema más porno de la banda, pero siento que no me propone imágenes más interesantes, guayacas o diferentes de lo que he escuchado. Se queda un poco en lo mismo y pasa un poco desapercibida para mí.

Con la “La dieta del hippie” los vecinos de Urdesa norte se pusieron vegetarianos. Pasó como sorbet, para cambiar de sabor y prepararnos para “De viejito”. 

De Viejito es un tema que me di cuenta que le gusta a mucha gente, es como la balada pop que toda banda siente –a veces- que debe tener. Lo que más me gusta de este tema es lo que hace Doña Pepa con la Melódica. Sopla pura dulzura.

“Impasible” me parece interesante. Hay una construcción rítmica que me resalta, en donde un solo muy kill bill suena lúgubre y vintage, para luego darle paso a Betoman, quien urbanamente le aporta su flow onda Pericos y la canción termina rica con ese grito “Alborada Sexta Etapa”, que me transporta como buen soundtrack, camino a la Rotonda.



“Partirme en dos” me vuelve a despertar. Gran riff, buenos vientos y Geraré canta y me doy cuenta que disfruto mucho más sus armonías que sus letras. Spinetta sobre esto decía que para él la voz era como un instrumento más, que no necesariamente tenía que dejar claro lo que estaba diciendo para aportarle al tema. Uno canta y transmite. Genio. En este caso, gran solo, que flota entre los vientos. Al final Betoman suma una especie de salsa funk. Con original flow va tirando sus métricas mientras Trompeta y Doña Pepa gritan “hey hey hey”. Otro de mis temas favoritos del disco. Se logra algo gigante, de gran propuesta.


Foto: www.ecuadortimes.net

En la última canción, Geraré juega bien con la métrica y siento que en su estilo, Los Corrientes le dedican ciertas líneas a la Ley de Comunicación: “nunca la encontrarás en horario estelar, en medio de la farándula gringa o la nacional, actualizaciones al por mayor siempre la misma alienación, porque la Revolución no llegará a tu monitor”. Esta debe ser el mejor tema en donde Geraré y Betoman se complementan bien y suenan muy sólidos. De paso, cuando Betoman rapea, Doña Pepa suma con muy buen gusto unas melodías desde su acordeón, llevando la canción desde lo urbano al big bang, con lo que desde la segunda estrofa se pone muy retro y rica, con una sazón guayaca, a la que se le suman interesantes vientos y percusiones… mientras Betoman lanza su “en la televisión no encontrarás una respuesta, no comas cuento, despierta y piensa” para finalmente dejarnos un eterno “la revolución es diferente, no llegará a tu monitor, está en tu mente”.

Foto: Blog l Sweet & Coffee

Y los Corrientes cierran con esto uno de los mejores trabajos presentados en los últimos 2 años. “Sexta Etapa” se convierte así en un disco a tener, más que nada porque aporta a esos soundtracks que siempre necesitamos los guayacos para caminar esta ciudad dura, que te aplasta con su calor, su desigualdad… que te aleja muchas veces y te acerca a lo que más nos identifica, que es al fin y al cabo esa forma de decir las cosas. 

Thursday, June 13, 2013

La madurez musical de Ricardo Pita

Foto: Facebook del artista
Por Andrés Emilio León Rodríguez | @lectorurbano


La vida musical de Ricardo Pita empezó temprano. Si no me equivoco, tenía 15 años cuando agarró el micrófono y se paró al frente de una multitud. La banda se llamaba Arcana, y de sus integrantes, resalta Alfredo Jaramillo que luego lideró Satori. 

Recuerdo que los vi en algunos conciertos, en el colegio Jefferson y uno muy divertido en la Universidad Católica, en donde Ricardo le preguntó a la masa si no tenían problema con que él cantara Zombie de los Cranberries.

Luego me lo topé en Buenos Aires, en el lugar donde uno se encontraba con todos los compatriotas: El restaurante ecuatoriano de Freda Montaño. Estaba estudiando música y en parte, sentía que aprovechaba la distancia para consolidar su estilo y libertad, además de escribir parte de su repertorio solista de hoy.

A su regreso, consolidó 2 bandas memorables: Ave y Niñosaurios, siendo esta última -para mí- una de las bandas más importantes e influyentes de la escena guayaca.

Además colaboró como bajista en Mamá Soy Demente y la banda de Héctor Napolitano, para posteriormente soltarse y animarse a grabar su propio material.

Foto: Andrés León

Las Aventuras de ayer, hoy y siempre (2013) es un disco muy divertido, bohemio e interesante. Pita logró flanquear lo que sonaba en su Guayaquil, para no repetirse. Encontró de esta manera un sonido muy característico y propio que hace que su voz suene robusta y segura. De paso hay una mezcla interesante entre furia, relax y melancolía, que nos mete en una marea movida, con mucho viento y frescura.

“La Película” es el primer tema que arranca con esa melancolía rica que se mezcla con cierta rebeldía del autor. Asoman también unos hermosos coros que acompañan a Pita en todo el disco con muy buen gusto y afinación. Esto es algo interesante de Ricardo, siempre afinado, cantando en el tono y con el sentimiento adecuado.

El segundo tema lo confirma. “Ojos de Elefante” es uno de los mejores temas del disco, en donde los coros, la voz del cantante y su divertida guitarra se llevan todo por delante, especialmente en el minuto 2:03 cuando Ricardo reitera al infinito “tal vez sea solo un poco de amor” cerrando con un delicioso falsete, sensible y chiquito, que nos aproxima al final de la canción.




“Canción para el resto de mis días” es otro tema genial que empieza muy cercano a los arreglos que usa Mamá soy demente. Sin embargo, cuando era tan posible meterse en la misma onda, Ricardo sale a flote con una melodía memorable y distinta, mucho más hippie que de costumbre, para dejarse llevar entre los vientos huracanados de los coros y cantar “Ya no hay mal que pueda mal tripearme, hoy, hoy soy solo yo, y el mar y el sol”. Igualmente el cantante suma una letra hermosa, en donde resaltan imágenes como “hoy soy de seda y no queda nada” mientras la influencia de Spinetta se cola en su “ya nadie sabe cómo soy la miel en tu ventana hoy”.





“El Jornalero” es un tema de cantina genialmente ambientado a lo moderno. La voz de Pita suena peligrosa y desafiante. Hay mucha calle en esta canción, en donde resalta su estribillo “todos con la vida van rodando, no saben que hay más que trabajar”. Esta me parece de esas canciones que la escuchas en el disco y pasa sin mucha atención. Sin embargo, cuando la escuchas en vivo es imposible no cantarla, no sumarse a los coros que Ricardo te saca insistente, más aún cuando la melodía va acelerando hasta que dice “y se acabó”. Este tema me recuerda mucho a lo que Kevin Johansen logró con “el Incomprendido”, especialmente en la estructura y la intención.

“El Elemento” es un caso interesante. Apenas me dijeron que estaba número uno en Radio City me sorprendí porque no la había escuchado, ni visto un video promocional. Luego leí un comentario favorable de Israel Maldonado sobre la melodía de la canción, pero cuando la escuché no me emocionó mucho. Finalmente, al verla en vivo, sacudió muchísimo y me sorprendió la forma mordida en que la cantaba Ricardo. Era como una bomba que quiere explotar, pero se aguanta, lanza chispas, amaga un poco y no explota. Me pareció muy interesante el montaje con banda, tiene mucho más rock y esa malicia dulce que se filtra en esa frase que es imposible no cantar: “mira, mira hermano que con el viento, sopla el elemento del tiempo, tiene como ejemplo la humanidad”.





“La negrita grita” es como una gran coma dentro del disco. Separa un antes y un después, alegra, salta y golpea folk. Uno de mis temas preferidos, que resalta por su energía y humildad. Canción perfecta para fogatas o terrazas.




“Cosas que no quiero saber” lo mete a Pita en esta parte desafiante de su música. Se suman vientos bien elaborados, en donde las trompetas de Gabriel Gutiérrez ganan mayor protagonismo en la canción. Ricardo vuelve a cantar con fuerza, locura y soltura sobre su necesidad de que la gente le cuente cosas que no quiere saber y sumen historias que no hablen nada de nada.

“Todos son”, retoma la melodía de Pita. Sensible canta al oído y destaca que todos son su vida, su amor y suerte. Lo más rico de este tema son los coros y los Chelos de Octavio Hidalgo que acompañan paneados, lejanos y delicados, para bajar la emoción y secar la energía.

“Una monedita” refresca todo. Gran historia real de Ricardo, quien en su concierto contaba que una vez estaba tan pero tan chiro, que tenía una pinta no tan agraciada. El parado en la acera y un auto convertible que llega, con un man aniñadísimo, con el cabello repleto de gel, baja la ventana, estira la mano y suelta la frase: flaco… una monedita. Ricardo se mataba de risa y le dice a la audiencia algo tipo “me sentí extraño, pero un dólar siempre suma, así que obviamente no se lo devolví”. El tema suena como soundtrack del momento y uno solo se ríe imaginando la situación. 

Foto: Facebook del artista


“No nos quedamos solos” te llama y canta “abre tu mano, toma mi mano, y ahí nos vamos”. Tema muy íntimo, que no se cansa de invitar a gritar. Coro cercano, de esos que abrazan con saudade y sorprende con la frase final “como no creer en Dios”.

“El árbol y el mar” huele a madera, despeina y resalta por su melodía de amanecer. Ricardo nos cuenta todo el mundo que ve desde una colina, mientras un solo de guitarra interrumpe acústico para arropar el viento.

“Despierta” vuelve a refrescar y llenar todo de colores. Amamos el redoblante que hace sonar Aldo Macchiavello, porque rompe un poco los sonidos de percusión que propone el disco. Excelente melodía, gran cantada, letra muy libre y cálida, destaca este tema como uno de los sencillos y mejores temas del disco. Me hace reír la honestidad de Ricardo Pita, quien románticamente, suelta su “deja que te mantenga, deja que te enamore, deja que te divierta, deja que te ame”.





El disco podría terminar ahí, en la cima… pero Ricardo Pita reserva un tema muy personal para el cierre. “Solo deja fluir” es un tema maduro y personal, en donde vuelven a destacar los coros, chelos, el piano delicado y la guitarra acústica del cantante. Tema redondo, simple. Como bandera que deja claro el mensaje compositor, que levanta el coro como símbolo patrio.


Álbum grabado, mezclado y masterizado por Roberto Chalela en REC LAB. Sin embargo, hay algo interesante de puntualizar. Dos de las canciones más interesantes del disco (Canción para el resto de mis días y Despierta) fueron grabados en el estudio el Ermitaño de Carlos Bohórquez y lo resalto porque me parece que Carlos explotó a la perfección el talento del cantautor. Ambos temas suenan muy sólidos, con mucho color y buen gusto en la producción, lo que me parece importante destacar. Por otro lado, “el Elemento” y “el árbol y el mar”, fueron grabados por Daniel Campos.

A pesar de estos detalles, gran trabajo de Chalela para empaquetar todo dentro de un homogéneo producto musical. En este sentido destaco el trabajo de REC LAB, porque a veces se siente la diferencia cuando un artista graba en varios lugares. En este caso, el trabajo es redondo (también mérito de Pita) el sonido uniforme y la energía del proyecto inspira. 

Definitivamente gran referencia para la gente del Guayas y el Ecuador en general, Ricardo Pita logra posicionar muy bien su estilo y sonido con una madurez importante, tanto en detalles de composición, producción y puesta en escena, además de presentarnos grandes temas que cumplen con el objetivo de volverse un puñado de canciones para el resto de nuestros días. 


Foto: Facebook del artista


Éxitos para Ricardo en su gira por Chile y Argentina.