Monday, December 19, 2011

Bar Tender

Es sencillo. Nunca mira a los ojos de nadie. Siempre agarra y prepara las mezclas con esas gafas gigantescas. Hoy para variar le pediré lo de siempre y de seguro levantará sus telescopios, me mirará con esos ojos negros coloreados de rímel, las pupilas se apartarán como quien abre un paraguas y lanzará un grito furibundo, solitario, quieto, de esos que se escuchan del otro lado de la península, de esos que arropan el esternón y flagelan el apetito de un hambriento ansioso por un colorido Yapingacho en Londres.

Yo llegaré seguramente con mi aliento a escala de grises, saltaré la barra para acorralarte y te amenazaré con unos audífonos puntiagudos de los cuales chorrea el coro de un bolero fatalista de 1951. Pero no. De repente comenzarás a cantar, levantarás la voz y silenciarás la música para repetirme hasta el cansancio: No tengo Guardarraya.

Andrés Emilio, Quito 19 – 12 - 2011


Monday, December 12, 2011

Arroz con recorte

Alucino cada vez que se va la luz. Aprovecho para expatriar ascensores e inevitablemente el caracol de escaleras me hace marear. Al subir comienza a escasear el aire, transpiro y voy dejando lagunas de imaginación paso a paso. Miro gloriosamente la pared, el letrero de “primer piso” me hace suspirar como quien llega tarde a una cita, esperanzado, busca pero finalmente se da cuenta que sencillamente la dama ya no está. Pero bueno, no es para tanto. Faltan 9 pisos y seguramente sacaré músculos, que el omega 3, la salud, etc.

Mi abuela me espera mañana. Lo más divertido, es que hará arroz con recorte.

El piso 3 es una locura. El vecino del único departamento se ha apropiado del corredor y ha puesto fotos de ocho mujeres, destacando cinco con un visto. Imagino que serán las damas inalcanzables que alguna vez besó o por ahí, las mujeres con las que logró conversaciones épicas. Ahora que lo pienso, hay tantas personas con las que me hubiera encantado conversar, o por lo menos cruzar palabras como quien comparte la dirección de la mirada a un mismo semáforo. Siempre me ha entusiasmado la luz amarilla para ver como todos se alteran, como reaccionan diciendo ¡para! ¡sigue! ¡de ley alcanzabas! y cuando se dan cuenta, todos residen sobre el paso cebra alienados desastrosamente.

Estoy sin filtro. Mañana hay chocolatada en casa de mi abuelita y seguramente podrás comer arroz con recorte. No tienes la mínima idea que es eso… y yo intento explicarte. Mi abuelita agarra una olla gigante y cocina arroz, posteriormente coloca pedacitos cuadrados de las cosas que se le ocurran. A veces es jamón, salchicha, o por ahí zanahoria. En ciertas ocasiones mi abuela Pepa recorta fotos de platos gourmet que encuentra en las revistas y sin exclusión, le mete todo a la cacerola... fragmentos de poemas, muestras gratis de música que le sobran de tanto escuchar. El aparato de metal se engorda, reboza y todos los nietos preparamos la abertura precisa de boca para meternos todo eso… así no encaje.

El piso 5 es tan blanco que me dan ganas de dibujar. Agarro un poco de tiza y sumo líneas decisivas a la plana decoración. Cuando voy subiendo me doy cuenta que muchos seguramente tomarán las escaleras equivocadas.

¿Y tu abuelita no me verá como bicho raro al no comer nada de jamón? –No creo, le explico que te alimentas de otros recortes y ya… acortamos explicaciones-.

El piso 8 está lleno de ventanas con cortinas que cuando se abren se muestran rellenas de espejos.

La luz aún no regresa y me pides aburrida entre luces de velas que recite algún cuento y comienzo a relatarte el círculo vicioso para principiantes de Miguel Antonio Chávez, pero bostezas y remarcas entre el eco: “¿no que teníamos petróleo?”

Desde el ventanal del piso 10 se aprecia una ciudad abstracta, dudosa. La neblina que se mete por mi ventana abierta huele a Guayres. Te recuestas en el sofá, liberas tu cabello como pescador que lanza un anzuelo y mientras comienzo a preparar arroz, prometo que lo iré sazonando con fotografías fantasmales para empalagarnos juntos al admirar -cuando despiertes- la nueva luz que nunca volvió.

Andrés, Quito 12 -12 - 2011

Thursday, June 09, 2011

Cometa

La falda malcriada tiene más arrugas que los desiertos que adornan las mejillas de mi abuelita. Sus líneas curvas se juntan para distender el orden táctico, mientras un hilo rebelde que intenta escapar me estira la mano al verme caminar a tu lado.

Yo que me distraigo con facilidad, comienzo a jalarlo levemente, entretanto tu sonrisa empieza a sonar en espiral y termino desabotonando tus pies de la arena, para luego sumarme al intento de unir el crucigrama de hilos, logrando armar a medias una cometa crema con azul.

Mientras el viento la eleva, la vemos volar, la vemos como se aleja de tu estrés aeroportuario y ante tanta risa -por comenzar a caminar con zapatos cuadrados de arena- nos vamos dando cuenta de la desnudes que nos abrevia a un momento simple y sencillo de yemas que transcurren pianistas por los cuerpos afinados, desatando vértigo y bocanadas de brillo, como quien prepara el aterrizaje perfecto de esta innovadora cometa malcriada que va piloteando sobre tus piernas hasta sembrar pudor en tu sutil caliche de vida.


Andrés, Quito 8 - 6 - 2011

Saturday, April 02, 2011

La lluvia efímera

La gota de lluvia toma impulso en el cabello de Majo, se prepara lentamente y lanza al vacio. Su forma transparentosa y delicadamente redonda reposa en una pequeña calle que se vuelve una hectárea de concreto. Desde ahí, Majo y yo, nos vemos más grandes de lo común. Nos vemos, ciertamente escapando, huyendo del azote del agua que nos ametralla de frio, en esta noche impune.

Majo carga 2 sillas diseñadas para gigantes, para gente a la que le afecta el smog más directamente, personas que pueblan sus narices de bigotes grises repletos de humo. Yo empujo un carrito de Supermaxi en donde llevo la ropa de Majo que recogí del otoño de su último departamento. Tantos colores floreados, tanta felicidad.

Y mientras corremos incansables, la gota de lluvia nos extraña más y permanece ahí postrada, elefante microbio de océanos aspiracionales. Lo más tierno, es que la gota llora y le salen sucursales de su materia que comienzan a recorrer la calle. La calle solidaría, se vuelve un río agresivo de emociones que va torturando lo que se mueva.

Majo y yo intentamos no darnos vuelta, mientras escuchamos las olas explotar en el concreto. Mientras sabemos que la lluvia es celosa y toma -tarde o temprano- venganza. Así que corremos, así que huimos y nada ni nadie nos alcanza.


Hoy hace frio. Mis huesos morados necesitan un poco de calor. En casa, enciendo la computadora y con Majo celebramos las hazañas. Así que voy escribiendo este cuento, mientras ella se toma un té y de repente, un grito efímero se estrella desde el ventanal, causando una pequeña lluvia horizontal que fluye desde el vidrio.

Al acercarme, sonrío levemente y corro disperso a encariñarme con aquella efímera gota de lluvia, sin inmutarme del diluvio lateral que está a punto de estrellarse y nulitar por siempre la vista panorámica del departamento.



Andrés, Quito 2 - 4 - 2011

Thursday, December 30, 2010

Mirando a todas partes

Miro al sur del corte de tu tobillo. Miro como se desangra cada centímetro eyaculante. Me adentro en tu sangre sin tijeras y voy nadando contra corriente, voy soplando las arterias.

Miro al norte de tu pecho, como sientes, como no entiendes tanto desorden. Miro el incendio que te hace explotar, el humo que satura las heridas, el nuevo cariño merthiolate.

Miras al Oeste como si fuera un nuevo comienzo, abres los brazos para colgarte de nuevos cuellos.

Miro lejos, lo más lejos que me acerca a mi dentro de ti mirando a todas partes. Miro desde cada poro tuyo y sudo tu cansancio ante tanta sequedad.

El sudor se cae inundando tus pies. Los pies fríos te agripan, la gripe te llena de humedad.

Y toda mi fiebre te abraza, te acompaña, te eleva lejos de mi.


Andrés, Quito 30 - 12 - 2010


Tuesday, January 12, 2010

Pulposo

El pulpo va por la calle Guayaquil sin poder abrazar. La plaza del teatro con escarcha en las esquinas, lo evita, le da la espalda de sus edificios y lentamente suena un aire insípido, que le silba a lo lejos.

Alza las cejas y la sonrisa se le estira como acordeón, pero las lágrimas suben por sus ocho brazos grises como si fuera pileta innovadora del modernismo quiteño. El octópodo que se inventa 8 bufandas y ante la falta de aire se recuesta pulposo en la cuneta, dejándose llevar por las aguas heladas de ese canal veneciano microbio. Ahí el cielo se aprecia más repleto de aviones de papel, que vuelan desde el centro comercial de al frente, donde un dominó de niños nómadas se lanzan desde los balcones a ese lago serpientes aguas de lluvia, turnándose de un avión al otro, saltando impares las alas rotas, para clavarse hondo, humectados, en la superficie de todos sus resortes.


Andrés, Quito 12 - 1 - 2010

Sunday, December 06, 2009

Sopa de nubes

La sopa se chorrea entre las nubes. Caen las letras incoloras del colador de fideos que es mi techo de madera. Hay un proyector gigante que muestra el futuro. Muestra sonrisas sin caries, cabellos despeinados y la inauguración de tu nueva cortina de baño. Muestra la visión en mono de tu gato analógico. La lacena kamikaze que revienta los atunes y satura cuatro mil fideos (un sacrilegio). Muestra a Navarro en primavera, cuando en realidad es febrero. Muestra mis patines de tu sala, o el espacio reservado en la pared del trato que hicimos desbordando sudestada.

La sopa llueve proteínas y riega mi cara llena de parpados cerrados. Huele a naranjilla mezclada con mate. Huele a teatro de libros viejos. Rayuela con el separador en el capítulo 41.

De las nubes chorrean letras que caen como acordeón. Hay nuevos puentes verticales que se lanzan al vacio. Hay diálogos interminables que unen continentes.

Hay un capítulo entero de celebraciones que repaso en la boca.

Mis labios pasando las páginas de tu libro embudo de piernas.

El estallido en mi menor de tus hormonas.

La música en tu silencio.

La luz.

Y todo es nuevo de nuevo, al borde de este banquete de nubes grises.



Andrés, Quito 7 - 12 - 2009