Androide

Friday, September 18, 2009

Entre líneas

La mujer que amo tiene 7000 pestañas. Cada una cae como otoño sobre el pasto de mis mejillas, cuando la pienso, cuando la veo.

La mujer que amo, esta repartida en unos 4 - 6 libros que siempre releo. Y en cada lectura ella afirma el carácter. Yo en cambio, me evaporo, me desarmo y mudo a vivir en espejos.

Como el otro día en la banquita verde del malecón. Llegué puntual y abrí mi libro en el capítulo 41 y ahí estaba, disfrutando del sobrepeso de las letras. Todo perfecto, hasta que en la otra banca se sentó un señor gris y sacó su 2666 rebosante, lo abría en la mitad y comenzaba a leer como si compitiera conmigo.

Yo que quería terminar de encontrarte, comencé a buscarte entre las páginas e iba agarrando las frases por cada línea, me levantaba para colgar una esquina al árbol y la otra atarla al banquito para saltarlas y ejercitar mis piernas.

El tipo gris por su lado, agarraba el 2666 como si fuera un sándwich gigante que se comía en 3 mordiscos, mientras el libro lo empachaba de imágenes y el tipo se levantaba para caminar un poco y beber del te de un libro light.

En uno de sus descuidos, el libro -cansado de tanto atropello- canjeaba sus letras por hormigas, que salían corriendo por los adoquines. Era una fila india de puntos suspensivos que comenzaba a repletar el malecón de hormigas asesinas, violencia literaria repleta de opiniones encontradas e incapacidad de abstracción.

Yo me trepaba a la banquita verde, esperando esquivar las frases llenas de excesos y poco a poco me subía al árbol buscando no ser arrasado por el ejército de insectos hambrientos. Por su parte, tú huías cada vez más. El capítulo 41 se enflaquecía, perdiendo grosor y yo me iba sintiendo como el capítulo 34, no teniendo muy claro, cual era la parte “entre líneas” que debía leer.

Finalmente, agarré las hojas dislocadas del libro y corrí hasta la baranda, como si fuera competencia de 100 metros vallas, para dar el último salto seco antes de sumergirme en la literatura profunda de algas espesas del río Guayas.


Difuso, empapado, quebrado. El libro terminó chupado a mi piel, vistiéndome de tu humedad que empapó el río. Y ahora sin tablones entre las ventanas, ni temores de caer a la calle, entrelazabas tus puentes a mi cintura para sacarme a flote, creabas nuevos túneles anfibios, por los cuales te ingeniabas para acercarte ingenua pero clarísima.


La mujer que amo es dueña de 27000 puentes. Cada uno sumado como ramo de rosas inagotable, como libro de arena de Borges, como smog escazo de Huilo. La mujer que colecciono está repartida en unos 4 - 6 libros que siempre releo.

Pero los libros se agotan.



Andrés, Quito 18 - 09 - 2009



Thursday, April 30, 2009

Influencia

Ahí va ella, cayendo de la cuchara al vacio repleto de letras silenciosas y frases hechas. Va entre las palabras de amor que parecen de hule, gemidos telefónicos y recuerdos futuros, ensayados una y otra vez.

Se escurre entre sílabas, mientras le producen cosquillas algunas tildes que rozan las costillas y desliza sus cabellos que la van atorando entre las grietas de tantas frases gastadas, letras llenas de lama.

Se derrite, cerca de las palabras eróticas y pasa lamiendo los residuos de la tinta que gotea... la endorfina nada, relajada y el vacio se mueve a un nuevo vacio, en donde todas las imágenes se voltean y pasan acariciando la úvula hasta agarrar confianza y caer al infinito entre toboganes y cascadas de saliva.


Yo que me vivo tragando las cosas que debería decir, sonrío. Muevo los labios y suspiro.

El aroma a Nutella se toma mis nuevas palabras.




Andrés, Quito 30 - 04 - 2009

Saturday, January 03, 2009

Migración

Uno flota y entre las dudas, va turnando pensamientos, va -como decirlo adecuadamente- intentando encontrar las páginas correctas del pasaporte. Uno tiembla, mientras la dama sella las hojas con agresividad, y Uno tan lento…
Luego la sala de espera y Uno que aguanta la sobra del tiempo, las manecillas con pereza, los despegues esquizofrénicos. Sentado, lee un poco del libro flotante mientras Guayaquil se inunda, mientras Uno se ahoga entre la pesadilla del aire acondicionado que Miller espera hacerle leer en un rato.
Uno desempolva la vista y el colirio aceita las metáforas. Las azafatas pasan indiferentes como caballos de carreras, con prisa y ojos blindados.
Uno que escribe, sin saber muy bien sobre qué. Cuando de repente se abren las puertas metálicas y Dos aparece del otro lado, despeinada, nocturna, jugosa… y Uno la sigue, recogiendo la literatura que Dos hecha como señuelo al piso; aspirando, consumiendo, jugando tres en rayas entre los vientres.

Uno vuela infinitamente, Dos sigue dormida. Uno revisa el pasaporte, mientras a Dos no le suman las sumas.

Andrés, Quito 4-1-2009

Monday, December 15, 2008

Postal

El señor camina la calle Mejía con la lluvia confirmando el sudor de su cuerpo. Se para lentamente a mirar un ventanal en el centro. Las gotas chorrean de su cabello lastimando el orgullo, mientras fija el suspiro en el escaparate y mira un pequeño ipod como si fuera estatua del niño divino. El hombre no entiende, pero lo mira con el detenimiento del océano.

Las horas pasan y el hombre sigue ahí, hecho una postal. El ipod le sonríe y él lo mira inalcanzable.

Luego de darse cuenta que le faltan dedos para contar lo que tendría que pagar, el individuo da un último vistazo. Se despide de la tecnología y vuelve a prender su Panasonic ocre del 88.

La radio suena, como tosiendo, como escupiendo melodías.

El hombre sonríe con los ojos llenos de recuerdos.



Andrés, Quito 12-12-2008

Saturday, October 18, 2008

Visión nocturna

A la dueña de todos los puentes, se le llena de niebla los labios. Ella suspira y el humo aspira en el aire. Se maquilla con dulces la boca y camina con su vestido nuevo hasta la parada de bus.
El bus demora y el viento despeina pensamientos, hebras de recuerdos, trenzas de presentes.
El bus nunca llega, pero si los trenes que irrespetan los rieles y ahora inundan las calles. Ante el frio, abrazas los puentes contra el pecho y se te riegan los atajos y pasos a desnivel en pedazos.
Navarro y su eco. La calle planea entre imágenes de in focus que pintan las casas de buenos momentos y todo resuena.

Una llamada viola el momento y hace vibrar tu cartera. Contestas y escuchas atenta, partículas de sonrisas y brillos en las comisuras bañan tu rostro. Te subes, te sientas, imaginas. Miras por la ventana que parece un álbum abierto y cuadra a cuadra vas empañando el vidrio.
Miras la hora, revisas tus muñecas y te abrazas. Los puentes dormidos ya no gritan, pequeños ronquidos como pitos gastados suenan descarriados. Te fijas en la Guía T y estás muy cerca. Te bajas, caminas, cada paso es un pequeño intento por alejarte del piso. Llueve.
Tus dientes se abren paso entre los labios y un nuevo suspiro repleta la ciudad. Todo se pierde. Menos tus puentes.

Andrés, Guayaquil 18 – 10 – 2008

Monday, October 06, 2008

Baba lava

La idiotez puede ser tantas cosas a la vez. Un simple estúpido sediento de normalidad. Un "tipo común" intentando soltarse. A veces las sombras repletan el cuarto y la lamparita hace todo tan grande, tan difuso que el foco mayor salta y explota por toda la habitación. Explota tu boca, entre ronquidos que se inventan orificios e inundan la cama. Sobre la mesita, un libro inútil observa todo el desastre. El libro suspira, esperando que acá, ambos lo abramos, pero bosteza hasta la página 20 y vuelve a dormir.

La almohada se hincha, y nada de bebidas light, tu saliva, tu baba, aislada va cayendo armando formas instantáneas en las sábanas. Yo te observo del otro lado, impresionado, pero veo el foco mayor y todo se acrecienta. Tu baba lava reforma todo, y la almohada se desintegra, recorre el valle nocturno de tu cuello y en venganza tatua latigazos en tu cara.

Líneas que también se pierden en los poros, la sequedad que recorre el silencio y las paredes que se llenan de moho. Tanto sangra tu boca que hasta el esterbil suda. Los redoblantes se multiplican y la sesión rítmica se queda sin bajista.

Escribes un río de hiedra que hunde barcos de sueños. Y las pisadas nos salen tan hondas. Meto los pies entre la alfombra y me ahogo 2 pisos. La arena movediza no me deja correr, no me deja huir. Me transformo, muto, me descuartizo con el ventarrón de la música que sale de tus parlantes. La ropa se recicla, usando partes de mis hombros y planeo la habitación. El lago de baba lava quema así que solo tomo impulsos con mis dedos chiquitos y salto, con mi lengua como paracaídas, sin palabras...

Por segundos me acostumbré a no aterrizar y fui haciéndome amigos en el techo. Colgado de las telarañas, conversaba siempre con los vampiros. Los manes aburridos de tanta eternidad y casi siempre solía seguir a las hormigas que caminaban de cabeza para intentar encontrar un diminuto espacio para sobrevivir.

Las escobas a veces nos abrazaban y caía anestesiado de tantos golpes en el camino. Desordenado, con mis cabellos por la axila y los ojos en las rodillas, caminaba sobre mis codos sonriendo desde el glúteo derecho. Miraba por las orejas como tanto ruido me cegaba.

A veces cuando duermes, repletas de sueño la almohada. El cuarto bosteza y se llenan de eco los libros que parecen fuentes y yo me arrimo para beber los residuos.


Estoy hecho un desastre. La belleza me llueve desde el cuello, me ciega y disfruto la honestidad. Tantas ansias por ser normal, tanto abuso por encontrarnos, por encajar. Tanto tiempo perdido intentando... y ahora me quito el uniforme de idiota para dejar de ser tantas cosas a la vez.

Quedo desnudo, normal. Común.


Luego de tanto silencio tú despiertas y yo empiezo a babear. Los coros ochenteros se destrozan entre nuestros frenillos y los dientes relucientes, los dientes que brillan.

Me abrazas y todo brilla, mientras huele a quemado.



Andrés, Quito 6 - 10 - 2008

Thursday, July 10, 2008

Silencio

Hoy el silencio rebota el departamento. Lo dobla, infla, lo saca de contexto. El silencio grita, destruye los bananos en la licuadora. Las hélices se oxidan de tanto palabreo.

El silencio abre la ventana y amenaza con lanzarse. Pega una vista al Volcán, que bosteza simulacros que caminan por la proa de la lengua y esperan... esperan.

Planea la República, le aburre tu semiótica de semáforo, resbala con las cáscaras de helio. Sopla y los carros se mueven, sopla y las burbujas exilian todo tráfico uterino que embaraza la Occidental.

Quito es una banana split, rodeada de volcanes helados.



El silencio entra por mi boca y turistea toboganes de mi tráquea. Vuelve a la ventana transparente, empapa, nubla realidad.

Cierro el vidrio y me acuesto.

El silencio pobla mi cama.




Andrés , Quito 10 - 7 - 2008